Llorando por tí.
Basado en una experiencia real acaecida a cube_ice. Una forera de un foro literario atramentero.
María había encendido su programa de mensajería instantánea para comprobar el correo y platicar un poco con sus ciber-amigos de Internet, ese día y a esa hora, después de comprobar que no tenía ningún emilio y que ninguno de sus contactos estaba conectado, empezó a aburrirse y deseó que alguno de ellos se conectase para hablarles sobre un nuevo cuento que estaba escribiendo, y apareció una ventanita nueva, un desconocido intentaba contactar con ella. Se dijo a sí misma que sí, adelante, y pulsó en el botón de aceptar contacto. Se abrió la pantalla del MSN y en el rinconcito superior derecho se fue esbozando una imagen, como surgiendo de la niebla, el rostro, casi infantil, de una mujer, la miraba a través de un cuadradillo de la pantalla. Desde su teclado escribió: "hola, ¿Quién eres?". La otra mujer levantó los ojos y María apreció en ellos que estaba llorando. Era una imagen muy pequeña, un recuadrito de escasos centímetros cuadrados, pero pudo verla llorar a través del Webcam.
Estaba allí, viendo a una desconocida que había entrado en su casa a través de la Red y que le enseñaba unas lágrimas corriéndole por las mejillas. "¿Qué te ocurre?. ¿Quién eres?".
La desconocida seguía sin responderle, sin escribir nada. Tan sólo parecía mirarla, María la observaba, y sabía que era imposible que esa otra mujer pudiese verla, pues ella no disponía de Webcam, era una mujer guapa, joven, triste, unos labios doblados hacia abajo.
- "Hola". "Dime algo". "Puedo verte y te veo llorar". "¿Como has contactado conmigo?" "¿Necesitas ayuda?" .
María veía moverse sus ojos mirando de frente, hacia abajo, no tenía dudas que estaba leyendo lo que ella le escribía, pero ¿Por qué no constestaba?. Había tanta tristeza en ese rostro, tanta amargura, que María empezó a sentirse mal, por no poder hacer nada, no estar a su lado. Y escribió una y otra vez :
"Dime algo, por favor" "Dime algo" "Dime algo" .
Esos ojos, en la pequeñez de la imagen, le cautivaron, le sedujeron, le hicieron notar un vacío, un algo especial, como si la conociese de algo, como si la hubiese visto antes, esos ojos, esas lágrimas, esa juventud que ella había perdido ya, -y que ahora tan solo navegaba entre los recuerdos de su álbum de fotografías-, estaban allá delante. Pero María siempre había sido una mujer feliz, (casi siempre), y aquella otra extraña del otro lado, sin embargo, era todo lo contrario a ella, tenía la juventud y esa belleza que se mostraba en pequeñito en la imagen y ahora empezaba a notar una familiaridad, una empatía, un velo que corría sobre su mente y le decía que sabía quien era, sin saberlo.
En la zona inferior del messenger vió escrito : "Maria_alone está escribiendo un mensaje" . Era curioso, la desconocida usaba como nick el mismo nombre de pila de ella. Aguardó con curiosidad a que el mensaje escrito apareciese en la pantalla.
- Estoy contenta de poder estar hablando contigo- ¿Me ves bien? .
Y una mueca de una sonrisa forzada se dibujó en aquel rostro recortado en el cuadrado chiquitín del PC.
María respondió que si, que en pequeño, pero que podía verla y esta vez omitió escribir la sensación de tristeza que palpaba a través de la imagen y pretendió mostrarse amable y simpática con aquella extraña.
- Quería hablar con alguien. Quería hablar contigo. Sé que no tienes micrófono, hubiésemos podido hablar, en vez de escribir.
María, extrañada, le preguntó como sabía ella eso. ¿Cómo sabía que no disponía de micrófono?.
- Eso no importa ahora. No tengo mucho tiempo. Quiero que leas lo que te escribo y que me creas.
- Bien escribió María- ¿dime?
- Voy a mandarte un archivo, es una fotografía, acéptala. No tengas miedo, no te va a hacer ningún daño.
- Lo haré, pero antes dime quien eres y qué quieres. ¿Por qué estás triste?. ¿Por qué lloras?.
Transcurrieron unos segundos de silencio en la comunicación escrita, -es curioso como empleamos los términos relativos a la comunicación oral, cuando estamos comunicándonos por mensajes escritos- María miraba aquel rostro. ¡Le era tan familiar! . Apartó todos sus miedos a un posible contagio en su computadora y con el botón del ratón pulsó sobre el enlace de aceptar, la barra indicadora de transferencia de archivos se fue iluminando hasta rellenar todo el hueco. Transferencia terminada.
- Cuando abras el archivo sabrás el motivo de todo, sabrás quien soy, sabrás porque lloro. Ahora quiero despedirme. Tú y yo somos tan semejantes. Tan iguales.
- Espera, espera, no te vayas, me gustaría saber algo más de ti. ¿Por qué estás llorando?.
María quería retenerla, intuía que las palabras de aquella desconocida iban a ser las últimas que recibiría e intentaba, con el ardid de las preguntas, retenerla al otro lado. Ayudarla.
- ¿Acaso no te conoces a ti misma? . Estoy llorando por ti.
Fueron sus últimas palabras. En el MSN apareció el mensaje, el usuario Maria_alone aparece como desconectado, puede que no reciba su mensaje .
María intentó inútilmente escribir algo, pero fue en vano.
En su mente se repetían una y otra las últimas palabras de aquella mujer, ¿Acaso no te conoces a ti misma? .. A ti misma A ti misma.
Buscó el archivo gráfico que la desconocida del otro lado de la Red le había enviado y lo abrió. Era una fotografía.
María había encendido su programa de mensajería instantánea para comprobar el correo y platicar un poco con sus ciber-amigos de Internet, ese día y a esa hora, después de comprobar que no tenía ningún emilio y que ninguno de sus contactos estaba conectado, empezó a aburrirse y deseó que alguno de ellos se conectase para hablarles sobre un nuevo cuento que estaba escribiendo, y apareció una ventanita nueva, un desconocido intentaba contactar con ella. Se dijo a sí misma que sí, adelante, y pulsó en el botón de aceptar contacto. Se abrió la pantalla del MSN y en el rinconcito superior derecho se fue esbozando una imagen, como surgiendo de la niebla, el rostro, casi infantil, de una mujer, la miraba a través de un cuadradillo de la pantalla. Desde su teclado escribió: "hola, ¿Quién eres?". La otra mujer levantó los ojos y María apreció en ellos que estaba llorando. Era una imagen muy pequeña, un recuadrito de escasos centímetros cuadrados, pero pudo verla llorar a través del Webcam.
Estaba allí, viendo a una desconocida que había entrado en su casa a través de la Red y que le enseñaba unas lágrimas corriéndole por las mejillas. "¿Qué te ocurre?. ¿Quién eres?".
La desconocida seguía sin responderle, sin escribir nada. Tan sólo parecía mirarla, María la observaba, y sabía que era imposible que esa otra mujer pudiese verla, pues ella no disponía de Webcam, era una mujer guapa, joven, triste, unos labios doblados hacia abajo.
- "Hola". "Dime algo". "Puedo verte y te veo llorar". "¿Como has contactado conmigo?" "¿Necesitas ayuda?" .
María veía moverse sus ojos mirando de frente, hacia abajo, no tenía dudas que estaba leyendo lo que ella le escribía, pero ¿Por qué no constestaba?. Había tanta tristeza en ese rostro, tanta amargura, que María empezó a sentirse mal, por no poder hacer nada, no estar a su lado. Y escribió una y otra vez :
"Dime algo, por favor" "Dime algo" "Dime algo" .
Esos ojos, en la pequeñez de la imagen, le cautivaron, le sedujeron, le hicieron notar un vacío, un algo especial, como si la conociese de algo, como si la hubiese visto antes, esos ojos, esas lágrimas, esa juventud que ella había perdido ya, -y que ahora tan solo navegaba entre los recuerdos de su álbum de fotografías-, estaban allá delante. Pero María siempre había sido una mujer feliz, (casi siempre), y aquella otra extraña del otro lado, sin embargo, era todo lo contrario a ella, tenía la juventud y esa belleza que se mostraba en pequeñito en la imagen y ahora empezaba a notar una familiaridad, una empatía, un velo que corría sobre su mente y le decía que sabía quien era, sin saberlo.
En la zona inferior del messenger vió escrito : "Maria_alone está escribiendo un mensaje" . Era curioso, la desconocida usaba como nick el mismo nombre de pila de ella. Aguardó con curiosidad a que el mensaje escrito apareciese en la pantalla.
- Estoy contenta de poder estar hablando contigo- ¿Me ves bien? .
Y una mueca de una sonrisa forzada se dibujó en aquel rostro recortado en el cuadrado chiquitín del PC.
María respondió que si, que en pequeño, pero que podía verla y esta vez omitió escribir la sensación de tristeza que palpaba a través de la imagen y pretendió mostrarse amable y simpática con aquella extraña.
- Quería hablar con alguien. Quería hablar contigo. Sé que no tienes micrófono, hubiésemos podido hablar, en vez de escribir.
María, extrañada, le preguntó como sabía ella eso. ¿Cómo sabía que no disponía de micrófono?.
- Eso no importa ahora. No tengo mucho tiempo. Quiero que leas lo que te escribo y que me creas.
- Bien escribió María- ¿dime?
- Voy a mandarte un archivo, es una fotografía, acéptala. No tengas miedo, no te va a hacer ningún daño.
- Lo haré, pero antes dime quien eres y qué quieres. ¿Por qué estás triste?. ¿Por qué lloras?.
Transcurrieron unos segundos de silencio en la comunicación escrita, -es curioso como empleamos los términos relativos a la comunicación oral, cuando estamos comunicándonos por mensajes escritos- María miraba aquel rostro. ¡Le era tan familiar! . Apartó todos sus miedos a un posible contagio en su computadora y con el botón del ratón pulsó sobre el enlace de aceptar, la barra indicadora de transferencia de archivos se fue iluminando hasta rellenar todo el hueco. Transferencia terminada.
- Cuando abras el archivo sabrás el motivo de todo, sabrás quien soy, sabrás porque lloro. Ahora quiero despedirme. Tú y yo somos tan semejantes. Tan iguales.
- Espera, espera, no te vayas, me gustaría saber algo más de ti. ¿Por qué estás llorando?.
María quería retenerla, intuía que las palabras de aquella desconocida iban a ser las últimas que recibiría e intentaba, con el ardid de las preguntas, retenerla al otro lado. Ayudarla.
- ¿Acaso no te conoces a ti misma? . Estoy llorando por ti.
Fueron sus últimas palabras. En el MSN apareció el mensaje, el usuario Maria_alone aparece como desconectado, puede que no reciba su mensaje .
María intentó inútilmente escribir algo, pero fue en vano.
En su mente se repetían una y otra las últimas palabras de aquella mujer, ¿Acaso no te conoces a ti misma? .. A ti misma A ti misma.
Buscó el archivo gráfico que la desconocida del otro lado de la Red le había enviado y lo abrió. Era una fotografía.
2 comentarios
white -
Espeluznante.
perseida -
Me gustó Chema. Sólo espero que eso no me pase a mi nunca, uff.
Un beso.